El Partido Verde Ecologista de México, con el senador Manuel Velasco como operador visible y bajo la sombra política de Ricardo Gallardo, lanzó un desafío directo a la presidenta Claudia Sheinbaum. No fue un gesto menor ni improvisado: fue un mensaje calculado desde el Senado.
La escena fue clara. Velasco “destapó” a Ruth González, esposa del gobernador de San Luis Potosí, como aspirante a la gubernatura. El acto no fue espontáneo; formó parte de una estrategia para presionar en medio de la discusión de la reforma electoral impulsada por Morena.
El mensaje político tiene dos lecturas. La primera: el PVEM condiciona su respaldo legislativo. La segunda: si Morena requiere los votos del Verde para avanzar su reforma, deberá aceptar la candidatura de Ruth González en San Luis Potosí.
Con esa línea llegó Velasco al pleno el miércoles 11. Convocó a medios, construyó la narrativa y colocó el tema en la agenda nacional. Fue un movimiento mediático que buscó fijar postura antes de cualquier negociación formal.
Desde Palacio de Gobierno en San Luis Potosí se habría respaldado la operación. El mensaje fue directo: la candidatura va porque va. Velasco actuó como vocero político de una decisión que, todo indica, tiene origen en Ricardo Gallardo.
La estrategia no surgió de la estructura local del PVEM ni de su comunicación estatal. La dimensión del movimiento rebasa esas capacidades. Se trató de una acción diseñada en la cúpula verde para medir fuerzas con la Presidencia.
El cálculo parecía simple: tensar la relación para obligar a Morena a definirse. Sin embargo, la respuesta no tardó en llegar.
Claudia Sheinbaum fue clara y pública. “Estoy en desacuerdo”, dijo este jueves. La Presidenta marcó distancia y fijó postura frente a la posibilidad de sucesión familiar inmediata.
La mandataria recordó que no se trata solo de una opinión personal. Morena incorporó en sus estatutos, desde el 27, el rechazo a las candidaturas de familiares en el periodo inmediato.
Además, subrayó que la Constitución establece que a partir de 2030 no podrá suceder de manera directa un familiar en cargos de elección popular, ya sea diputado, senador, gobernador o presidente.
Pero fue más allá. “Para mí no está bien que haya una sucesión de un familiar de manera directa”, afirmó, dejando claro que el debate no es jurídico sino político y ético.
Sheinbaum también negó haber recibido a Velasco en Palacio Nacional. “No sé a quién vino a ver, pero conmigo no se reunió”, precisó, desmarcándose de cualquier acuerdo paralelo.
Y cerró la puerta a negociaciones personales: no sostendrá reuniones con el PVEM o el PT sobre la reforma electoral, pues el diálogo se mantiene a través de la Secretaría de Gobernación.
El choque es evidente. El Verde intentó colocar una candidatura como moneda de cambio en plena discusión de la reforma electoral. La Presidenta respondió con una línea de principios y reglas internas.
Lo que está en juego no es solo San Luis Potosí. Es la coherencia del discurso contra el nepotismo y la congruencia entre aliados en el poder.
El reto está lanzado. El Verde midió fuerzas. Ahora falta ver quién cede, quién resiste y hasta dónde llegará la tensión en una alianza que, por primera vez, muestra fisuras públicas.
