Al empezar la semana, el rey FELIPE VI de España reconoció los “abusos” cometidos durante la conquista de México hace 500 años, durante su visita al Museo Arqueológico en Madrid, donde se exhibe una muestra de arte precolombino.
Importa recordar que también lo hizo su padre y antecesor, el rey JUAN CARLOS, en 1990, hace 36 años, durante una gira latinoamericana donde empleó la misma palabra, “abusos”.
En el centro de todo está la carta enviada por AMLO al rey de España y al Papa FRANCISCO en 2019, solicitando una disculpa por el daño perpetrado a la población nativa, tras presentar una exposición amplia del sufrimiento nativo.
Cabe precisar. Ni entonces ni ahora hemos escuchado disculpas, solo la aceptación del maltrato dado a los pueblos. Todo muy comedido, sin profundidad mayor, como un paréntesis diplomático.
La declaración más reciente del rey FELIPE abarca 140 palabras donde hace gala de una verbosidad ambigua. Lo único rescatable es la palabra “abusos”. Lo demás es diplomacia rabona.
Acaso el monarca quiera hacer felices a los mexicanos emulando a CANTINFLAS con ese lenguaje circular donde finge asumir una postura sin decir nada. Porque mire usted…
-“Hay cosas que, cuando las estudiamos, las conocemos, dices: bueno, en nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, pues obviamente “ (…) “pero hay que conocerlo y en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral, sino con un análisis objetivo y riguroso.”
OTROS ACTORES
De acá podrían contestarle que ora pues, ya le estamos dimos dando, porque hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos, que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario, ¿pos luego chato?… ahí está el detalle.
Mencionó FELIPE a las llamadas “Leyes de Indias” emitidas por los reyes católicos para proteger a los pueblos naturales, al adoptarlos como vasallos. Lo cual equivale a decir que tales atropellos no reflejaron la política oficial de la corona. Casi tanto como cantar el “yo no fui”.
Más documentada fue la declaración del ministro español de Asuntos Exteriores JOSÉ MANUEL ALBARES en noviembre de 2025. Acaso el posicionamiento que una autoridad de dicho país haya fijado sobre el tema, en el marco también de dichas exposiciones madrileñas de arte precolombino, cuando dijo:
-“La historia compartida entre México y España, como toda historia humana, tiene claroscuros. Ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo. Esa es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla”.
Del Vaticano hubo también respuesta. Le recordaron a LÓPEZ OBRADOR (y a su esposa, BEATRIZ GUTIÉRREZ MÜLLER, promotora de las cartas) que el desaparecido papa FRANCISCO ya había pedido perdón de manera explícita durante una visita a Bolivia en 2015, donde habló de los «crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América» (…) y “las ofensas de la propia Iglesia.»
Lo cual reiteró en 2016, de visita en Chiapas, México. Después, en 2020, el nuncio apostólico FRANCO COPPOLA de dio continuidad al argumento al hablar de esos “siglos de marginación y olvido”.
Y en 2021, conmemorando la caída de la gran Tenochtitlán, el cardenal ROGELIO CABRERA, presidente del Episcopado Mexicano, lamentó las acciones de su Iglesia “que provocaron el profundo dolor y sufrimiento», así como la necesidad de “sanar heridas históricas.”
NATIVISMOS, VARIOS
El reclamo mexicano es antiguo. Nos ha sido inculcado desde la educación formal por generaciones y, particularmente, en los libros de texto gratuitos, donde indigenismo y patriotismo viajan en el mismo plato.
Visión de la cual se alimentó en los años 50 el niño ANDRÉS MANUEL, alumno de la primaria “Marcos Becerra” en la Villa de Tepetitán, municipio de Macuspana, Tabasco.
La polémica cobra fuerza a escala continental en 1992, al conmemorar el aniversario 500 del primer viaje emprendido por CRISTÓBAL COLÓN. El nativismo, la voz de los pueblos oprimidos por las potencias coloniales, alcanzó proporciones globales.
La querella no sería únicamente por mayas y aztecas, incas o comanches. También levantaron la mano los aborígenes australianos, bosquimanos y hasta esquimales.
Argumentos cercanos habría de manejar LÓPEZ OBRADOR dos y media décadas después. Como suele ocurrir con el tabasqueño, la razón puede ser justa, pero lo cuestionable siempre será el estilo rijoso y virulento que le imprime a la confrontación de posturas, a menudo plagada de ataques personales.
Generaría, incluso, tormentas diplomáticas, como aquella idea anunciada en la mañanera, de “poner en pausa” la relación (febrero de 2022). El rechazo a la carta fue igual entre izquierdas y derechas.
Ni el conservador JOSÉ MARÍA AZNAR ni el socialista PEDRO SÁNCHEZ le compraron la idea. Los españoles de hoy ninguna obligación tienen (dijeron) de disculparse por lo que hicieron sus antepasados.
Y algo más importante que cualquier disculpa. El recuento del genocidio entre conquista y colonia. Acaso fuera preferible que, en lugar de cartas ardidas a los reyes y al Papa, se abran más causes académicos aquí y allá, para actualizar la visión de aquella etapa traumática. El tema está mejor en manos de estudiosos que de políticos.
BUZÓN: moc.liamg@xmagairrazepol


