Por Agustin Peña Cruz | NoticiasPC.com.mx |
CIUDAD ALTAMIRA, Tamaulipas.
En un estado marcado por los efectos crecientes del cambio climático y por profundas desigualdades sociales invisibles, el reciclaje sigue siendo una asignatura pendiente. Así lo advierte María Hilaria Gómez Solís, gerente general de Reciclados del Puerto, quien en entrevista expone, con crudeza y sentido social, una realidad, la precariedad de quienes sostienen la cadena del reciclaje y la falta de una cultura ambiental desde las aulas.
“Yo le calculo que unas 500 familias, yo creo más”, señala al referirse a quienes dependen directamente de la recolección de residuos. En particular, pone el foco en los pepenadores que trabajan dentro del relleno sanitario, un sector que, dice, permanece relegado. “Ellos sí son los número uno que hay que voltear a verlos… no tienen prestaciones y trabajan muy insalubre”, afirma, subrayando que, pese a ser el primer eslabón del reciclaje, enfrentan condiciones laborales adversas y sin protección social.
Gómez Solís no evade el vínculo estructural entre reciclaje y crisis climática. Es tajante: “El reciclaje es el número uno para el cambio climático”. Advierte que los fenómenos naturales extremos se intensifican mientras las prácticas de manejo de residuos siguen rezagadas. A su juicio, Tamaulipas aún se encuentra “como en un décimo noveno lugar” en prácticas de reciclaje, muy lejos de lo necesario para mitigar el impacto ambiental.
Uno de los puntos más críticos, señala, está en el sistema educativo. “Tan solo en las escuelas no hay cultura de que, cuando termina un ciclo escolar, regresen los niños los libros”, lamenta. La consecuencia es directa: los libros de texto acaban en los contenedores de basura, deteriorados y contaminados, cuando podrían reincorporarse al reciclaje en mejores condiciones. “Llegan ya un poquito sucios, más deteriorados”, explica, lo que reduce su aprovechamiento y multiplica el daño ambiental.
Aunque existen esfuerzos aislados, el alcance sigue siendo limitado. “Son muy poquitas… como unas cuatro o cinco escuelas” las que han buscado alternativas para reciclar libros, relata.
En esos casos, Reciclados del Puerto ha acudido directamente a los planteles para recolectarlos, permitiendo que las escuelas intercambien papel y PET por recursos económicos o mejoras en su infraestructura. “Muchas dicen: ‘yo necesito pintura’… y otros prefieren el recurso para emplearlo según la necesidad de la escuela”, detalla.
Más allá del reciclaje tradicional, la organización también ha buscado ampliar su impacto social. Gómez Solís recuerda la entrega de casitas y explica que el proyecto puede extenderse a comunidades rurales: “En los ejidos es donde vemos esta problemática que no tienen letrinas”. Precisa que cuentan con madera reciclada disponible y que, con la gestión adecuada, pueden construirlas sin dificultad. “Que nos hagan la gestión y lo hacemos con todo gusto”, afirma.
El diagnóstico de la problemática demuestra que sin una política sostenida de concientización, sin educación ambiental desde el nivel básico y sin dignificar a quienes trabajan entre los residuos, el reciclaje seguirá siendo marginal frente a un problema global que ya golpea lo local. Como advierte Gómez Solís, no se trata solo de separar basura, sino de asumir que reciclar hoy es una forma concreta de sobrevivir mañana.







